El comercio y la inversión como factores claves para enfrentar la pandemia

Una vez que cayó el Muro de Berlín y la Unión Soviética, buena parte del mundo adhirió eso que comúnmente se denomina Consenso de Washington y que, entre otras cosas, consistió en la consolidación de la hegemonía política y económica estadounidense a través de la facilitación del comercio y la integración económica regional y global. Son los años de la Organización Mundial del Comercio y los Tratados Comerciales. Son los años en los que países en vías de desarrollo compiten por atraer inversión extranjera directa (IED) y por vincularse efectivamente a las cadenas globales de valor. 

Para la exviceministra y exdirectora General de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (CINDE), Gabriela Llobet Yglesias, nuestros país tuvo un papel protagónico en este proceso. En entrevista en Charlemos, Llobet puntualizó que “Costa Rica en esos años tuvo una participación muy proactiva en integrarse a través de la suscripción de una serie de acuerdos de libre comercio, acuerdos regionales”.    

Costa Rica, en efecto, a partir de mediados de los 90 suscribió acuerdos comerciales con Chile, México, Canadá y la Comunidad del Caribe. Además, modernizó los acuerdos regionales con los países centroamericanos y, tras un complejo proceso que implicó la realización de un referéndum, terminó aprobando un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Nadie puede negar que todas estas iniciativas de apertura hayan introducido importantes tensiones de carácter social y políticas que se expresaron en la resistencia y oposición ante el modelo.

Sin embargo, en palabras de algunos expertos como Francisco Gamboa Soto, exdirector Ejecutivo de la Cámara de Industrias de Costa Rica , hoy Director General de Relaciones Institucionales del Banco Nacional, podría decirse que el balance ha sido positivo: se le han ofrecido herramientas al sector exportador y, además, se han fortalecido muchos de los incentivos para atraer inversión extranjera.

Es más, según mencionó Gabriela Llobet, pese a los devastadores efectos en la economía, pese al lamentable estado de nuestras finanzas públicas, la pandemia nos sorprende con una serie de ventajas comparativas relacionadas con esa institucionalidad orientada al comercio. 

Juan Carlos Hidalgo, reconocido analista de políticas públicas, coincide con Llobet en el sentido de que Costa Rica puede aprovechar una serie de ventajas comparativas en el contexto pospandemia. Hidalgo planteó en Charlemos que la pandemia está suscitando una serie de reacomodos en las cadenas globales de valor y que nuestro país, eventualmente, podría sacar provecho de fenómenos como el nearshoring, el cual, básicamente, consiste en la relocalización de servicios globales empresariales en zonas geográficamente cercanas a la casa matriz y los principales mercados. Y recordemos que Costa Rica comparte huso horario con la zona central de Estado Unidos. 

Hidalgo, además, recordó que Costa Rica antes de la crisis del 2008-2008 tenía indicadores muy positivos. “Recuerdo que había una gran promesa para el país tras la aprobación de ese acuerdo comercial [se refiere al CAFTA-RD ] en el referéndum del 7 de octubre del 2007. Ese fue un año de muy alto crecimiento económico para el país; es más, si uno repasa las noticias de diciembre notará que la pobreza bajó a más o menos un 16%, el punto más bajo que hemos llevado la pobreza en la historia del país. Lamentablemente vino la crisis financiera internacional, que tuvo secuelas muy fuertes en el país, y se tomaron muy malas decisiones a nivel doméstico en cuanto a cómo enfrentar esta crisis”.  

Hoy Costa Rica tiene las cifras de desempleo más altas en la historia. El déficit fiscal alcanza proporciones de tiempos de la crisis de los años 80. Se estima que el Producto Interno Bruto tendrá una caída de 3%. El comercio caerá 5% y, según el Banco Central, en el sector servicios la caída sería mayor. Para fin de año el desempleo podría duplicarse y, por ende, la pobreza aumentaría drásticamente. 

Hidalgo recordó que los sectores más dinámicos, o mejor dicho, los pocos sectores que siguen experimentado dinamismo, precisamente, están asociados a las empresas que operan bajo régimen de Zona Franca. Por esa razón, según indicó, Costa Rica debería tratar de homologar sus condiciones de operación hacia esa línea.  “Nosotros estamos viviendo una crisis terrible, muy profunda, pero deberíamos ir pensando cómo sacarle provecho a estas circunstancias”, añadió. Para Hidalgo es muy probable que, pese a las presiones para que las grandes empresas multinacionales regresen a operar en los países donde están sus casas matrices, debido a un tema de costos, dichas empresas buscarán establecerse en países que queden cerca de sus mercados. 

“Es aquí donde Costa Rica tiene una gran oportunidad, porque ningún gobierno de Estados Unidos va a ver a nuestro país como una amenaza a la seguridad nacional o como un riesgo sistémico (…) Costa Rica debería diseñar una estrategia para esta década, para el 2030, que le permita convertirse en una gran Zona Franca de las Américas. ¿Por qué? No sé si recuerdan que hace poco el ministro de la Presidencia dijo que es materialmente imposible generar empleo durante esta crisis. Sin embargo, pocos días después Amazon anunció la creación de cerca de mil puestos de empleo y una Zona Franca en Grecia empezó movimientos de tierra para un proyecto que generará como 7 mil puestos de trabajo (…) O sea, las Zonas Francas siguen generando puestos de trabajo incluso durante la crisis. Uno de cada tres empleos es generado por las Zonas Francas. Entonces, si las Zonas Francas son tan dinámicas, ¿por qué no extendemos los beneficios que gozan estas a empresas a todos el país?